Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

jueves, 23 de enero de 2014

Balada de amor perdido

ELLA me daba todo
me daba to de viernes a domingo
y de lunes a viernes
do
y casi casi
to y do las noches de los sábados
aunque a las tres sonaban las campanas
sin-to sin-do sin-to
yo me quedaba
y ella se iba casi sin quererlo
y aumentaba la noche

yo acababa
maldiciendo cagándome en la Iglesia
mordiéndome las garras
lamentando mi suerte
porque yo
era muy egoísta
pensaba solamente en el mimismo
y no le daba nada
y ella
nadaba y nadaba a estilo mariposa
o a estilo libre
siempre
dejándose mecer entre las olas

y así ocurrió lo juro
que ella llegó a la orilla de una playa
cansada de nadar
y yo no estaba
aunque tampoco me buscaba a mí
fue así
en la orilla del mar
que todo y nada se acabó de pronto
de domingo a domingo
de año a año
y las campanas siguen despertándome
sin-to sin-do sin-to
como si no
estuviese ya sordo de do
ciego de to
muer-
to.

José Antonio Blanco.




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