Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

jueves, 27 de febrero de 2014

Bajo las condiciones de tu atmósfera

Bajas temperaturas en fin de semana

60 grados bajo cero,

fuertes vientos se aproximan

que provocaran enormes silencios

se cree que habrá tormenta eléctrica

entre la ausencia y el total destierro,

terminando finalmente por congelar sueños.

Se pronostican inundaciones en la parte baja

del ojo izquierdo,

la humedad relativa podría alcanzar fuertes nudos

en la esquina,

obstrucción total y un torrente de chubascos

en la parte interna del tragadero evitaran

que la voz emita al menos

un te quiero.

Fuertes ausencias causaran lluvia de recuerdos

se acrecentarán los deseos de verse en sus ojos,

en algunas horas se esperan sequías

que provocarán fuertes grietas en los labios,

(extrañan sus besos)

se espera una tormenta de verbos conjugados

que no lograrán calmar las ansias de escribir versos

y tampoco la inundación de anhelos

de tenerle a su lado.

El cielo será protagonista de fuertes acentos

se esperan vientos cargados de suspiros, miradas interminables

que llevan consigo grandes quimeras

que al final del día terminarán comiéndose los sueños.

Se recomienda leer poesía.

Aquí el clima sigue siendo el mismo:

se te ama todavía.

 

 

Ingrid Ortez.






 

 

 

 

miércoles, 26 de febrero de 2014

El fantasma


Cómeme y, con mi cuerpo en tu boca,

hazte mucho más grande

o infinitamente más pequeña.

Envuélveme en tu pecho.

Bésame.

Pero nunca me digas la verdad.

Nunca me digas: «Estoy muerta,

no abrazas más que un sueño».

 

 

Luis Alberto de Cuenca.






 

lunes, 24 de febrero de 2014

Cerré mi puerta al mundo



Cerré mi puerta al mundo;
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.
Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.
Trémulo, transparente, 
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.


Emilio Prados.






            

            

            

domingo, 23 de febrero de 2014

Los malos

Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.

 

Jacinto Benavente.




sábado, 22 de febrero de 2014

Las formas del engaño

De entre todas las vidas que una vida
puede encerrar, tú y yo nunca escogimos
precisamente aquella que podría
habernos hecho odiar todas las otras,
esa que hubiera sido sólo nuestra.

 

Abelardo Linares.





 

Tragarse el odio

A mí me fue fácil

al principio

bastaba con amar.

Era bien fácil amar

cuando una siempre había estado rodeada

de amor

y cuando había aprendido muy temprano

que el amor era lo más grande

y lo más alegre

y lo mejor que había.

Mientras hubo amor

todo fue bien.

Pero luego se convirtió en odio

y el odio estaba prohibido

cuando yo era pequeña.

¿Cómo proceder

con un odio

que no puede existir?.

No se dicen palabras feas

No se blasfema

No se pega.

No se grita.

No se dan portazos, desde luego.

No se deja traslucir nada en la cara.

No se tira ninguna cosa, naturalmente.

Hay que tratar de ser verdaderamente amable

cuando se odia.

Hay que tragarse el odio,

comérselo,

no manifestarlo,

no admitir nunca su existencia.

A mí no me fue fácil odiar

pero lo fatal fue no hacerlo.

 

 

Märta Tikkanen.

 

 

 

 


viernes, 21 de febrero de 2014

Llorar a lágrima viva

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo…

Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto…

Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo…
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar…

Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca…

Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!.

 

 

 Oliverio Girondo.





jueves, 20 de febrero de 2014

Desajuste en el desgaste

La vista es lo primero que se pierde,
por eso hay tanta gafa,
después te quedas sordo del pie izquierdo,
y te nace la calva de la cana,
se te mueven las carnes si eres gordo,
si eres flaco te suenan las bisagras,
se te vuelan los capicúas,
se te pierden las ganas…
se te mueven los dientes en la boca;
cuando sabes amar esto te pasa.

 

 

Gloria Fuertes.

 

 

 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Lluvia



Apenas puso los pies en el suelo deslizó la cortina para mirar por la ventana, el cielo estaba preñado de agua y no tardaría en descargarla, se dirigió a la cocina en busca de un café que templara su ánimo, los días grises le producían una extraña mezcla entre melancolía y placer; mientras desayunaba ojeaba las noticias en su iPad de fondo sonaba A Great Divide, un sublime solo de piano que acompasaba el repique de las gotas de agua que tímidamente comenzaban a caer.

Pegó la nariz al cristal contemplando como miles de gotas se unían formando un hilo continuo de agua que se multiplicaba en décimas de segundo convirtiéndose en un tremendo aguacero, sintió ganas de empapar su cuerpo con agua de nubes y pasar la mañana mirando la lluvia, escuchando melodías de Dustin O´Hallaran y soñando despierta, sonó la alarma de su móvil miró la hora y pegó un brinco, se vistió apresuradamente y bajó corriendo las escaleras, cuando alcanzó el portal inspiró con fuerza llenando sus pulmones de aire limpio y tierra mojada, se colocó la capucha roja de su impermeable y pisando todos los charcos que encontró en el camino se dirigió al trabajo.

 

 

Lola Poveda.





 

Aunque tú no lo sepas

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

 

 

Luis García Montero.

 

 

 

 

Cáncer


Me lo dijo Echenique desde el otro lado del charco:

el cáncer no es más que un signo del zodiaco.

Y pensé yo, desde el otro lado de la pantalla,

que menudo signo más hijo de puta.

 

El Lu




martes, 18 de febrero de 2014

Confesión

Me confieso culpable de entender más a los animales
que a las personas, de solazarme días enteros ociosamente mirando pasar las nubes mientras el mundo trabaja y trabaja, de haber tenido serios deseos de matar a unos cuantos, de no ser rápido para tomar decisiones y pasar como un tontazo cuando no entiendo lo que hablan a mi alrededor, por ejemplo, la teoría literaria, el índice dow jones, la ley de educación, etc.
De no haber aprendido a pintar para evadirme con
el furor o la tristeza de los colores de aburrirme soberanamente, de desconfiar de los alumnos que pretendan ser más imbéciles que yo.
De no haberme fugado de casa cuando chico y haber vuelto unos cuantos años después convertido en
prestidigitador o en trapecista.
De no abrazar ninguna religión más que la naturaleza y su poesía viva, de llorar cuando al alma le venga en gana aunque últimamente eso ya no esté de moda
de tener pocos amigos y muchos amores idos
de soñarme a veces Don Quijote, Minotauro, Atila o
la hetaira más hetaira, de la gran decadencia griega,
de jamás ofrecer la otra mejilla sin antes sacar
el arma que siempre llevo conmigo, de haber declinado con el hachís porque es tan difícil conseguirlo.
De no saberme bonachón, ni estable, ni dócil,
de creer en el delirio, en la insania, en el caos
de no ser inteligente, ni sagaz, tanto como
despistado amnésico y abúlico, de haber sido feliz solo hasta la adolescencia.
De que los demás me confundan conmigo cuando en
realidad me he pasado la vida sin encontrarme,
de haber abandonado mi familia y ser incapaz de
convivir con alguien, de hablar solo, o con los perros, o con la lluvia o con los muertos, de detestar el trabajo con horarios tanto como los pésames y las condecoraciones del gusto por abandonarme en mi hamaca y repasar inútilmente en ella la película de mi vida, de haber deseado muchas veces que un enorme enorme meteorito se estrelle contra la tierra y ¡zas! todo (y todos) quedemos convertidos en pavesas, en polvillo del universo.
De amar a Emily a Charles a Kavafi, a Dalí,
de haber preferido ser un gusano en el buen sentido y apetito de la naturaleza,
de haber llegado a los cuarenta y seguir vivo usurpando el oxígeno que otro aprovecharía mejor,
de no saber engañar a los demás (que de mí me encargo yo), de aullarle a la luna y querer ser una sombra nada más...
en fin, que soy culpable, culpable de sentirme
débil, olvidado, ajeno, prestado, presa de dichas y desdichas, aquí, entre todos ustedes, cuando aún (dicen) puedo dar la cara, pues una vez me haya ido ni del hedor mío podré sentirme culpable.





Hernán Vargascarreño.




 

lunes, 17 de febrero de 2014

Me entero de que la diferencia

Me entero de que la diferencia entre que el sol gire alrededor de la tierra
o que la tierra gire alrededor del sol
es una simple cuestión de elegancia
en el que mira, en el que calcula.
Entonces, cuando el que ora va a la montaña
con este acto hace que la montaña vaya a él.
Son los que no creen, con sus objeciones,
los que han perfeccionado la idea de Dios.
Así tus dudas sobre lo que siento por ti:
cuando tu cuerpo acaricia mi mano
también mi mano acaricia tu cuerpo.
Dicho esto, me aplico a organizar
esto que llamo sueños, a clasificarlos,
no sea que se confundan con mis recuerdos.
¿Mi mano? ¿Tu cuerpo?
Quién puede poner algún orden
en este enredo de locos.

 

 

Samuel Jaramillo.





 

Vaivén

De tanto vestirnos y desnudarnos
estamos envejeciendo

Nuestras imágenes en múltiples espejos
se van quebrando lentamente.

¿Qué traje elegimos hoy
el de la vida o el de la muerte?.

 

Catalina González.




 

Ponte de rodillas, tío

Ponte de rodillas y dime que no me has olvidado.
Ponte de rodillas, tío, y pídeme perdón.

Como cenizas como metal como ciruelas negras
me he transformado sobrellevando el paso de tu sombra.
Te he visto al alba con una cadena de palidez
en torno de tu inmovilidad
y he permanecido en una silla de leche y de madera
mientras te miraba la enfermedad del corazón
y el temblor respiratorio que tienes tío.

Violentamente  preparada y desmedida
me he levantado de mi muerte y mi deseo
para desplomarme ante tu indiferencia.

La cantidad de destrucción que me has causado, tío
es como un saco de piedras atado
a mi brazo derecho.

He acumulado venganzas y pasiones que no son de este
mundo. Solitarias y desobedecidas.

Mitigar mi dolor es tan imposible
como una conspiración en contra tuya.
Mis enemigos
son tus más patológicos amigos.
Si trabajo es por ti, tío
y tú jamás has resucitado mi trabajo.

Sin resurrección y sin aliento sigo
a pesar de la calcinación en que me has devorado
y hecho humo.

Pon distancia entre tu gris vestidura
y mi ascético espacio
y déjame respirar cruzando el mundo

definitivamente, tío, pidiéndome perdón
soltándome
como a una perra
alada.

 

Isla Correyero.



domingo, 16 de febrero de 2014

Nadie está solo

En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad.

Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?

Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio.
¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el suyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?

Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.

 

 

 José Agustín Goytisilo.



Crecer

Este empeño mío

de nacer cada mañana,

me costará caro.

El mundo no soporta,

así como así,

que alguien se resista

a unirse a los adultos,

a los que saben más,

a los que dirigen mejor,

a los que "crecen",

a los que medran,

a los que pueden.

No soporta

a alguien que se resista

a esa especie de muerte

que ellos llaman vida. 

 

 

Begoña Abad.




 


jueves, 13 de febrero de 2014

Tuve Que Correr

Tuve que correr
cuando la vida dijo: "ve"
No hubo manera de pararme
Correr que fue volar
Beber de un solo trago todo el mar
Y no sació mi sed el agua
Tomé el sendero sin saber
que me alejaba para no volver
Dulce como miel
probar el roce de su piel
Ella en el suelo, yo en el aire
Dulce pero cruel
llenó mi mundo de papel
Jamás pensé que llegaría a helarme
Que perdería el calor
y con el tiempo la razón
En el camino tropecé
con esa piedra desde la que arranqué
Tomé el sendero sin saber
que me alejaba para no volver
En el camino encontré
lo que jamás pensé tener
Tuve que correr
cuando en el viento pude oir
que igual que vine habría de marcharme,
que como vine habría de marcharme.



Antonio Vega Tallés.





El menú para hoy

Besarte una vez por cada cabello,

seguirte besando hasta quedar dormidos,

retomar la misión por la mañana

y llenar tu cuerpo de caricias y mimos.

Decir te amo en el lenguaje sin palabras,

mostrarte el mundo sin abandonar el lecho,

llenar de sueños por cumplir nuestro mañana,

cubrir con besos las heridas que tenemos.

Aquí estoy.



Jaime Leal.




 

miércoles, 12 de febrero de 2014

Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

 

 

Julio Cortázar.



Donde el destino está escrito

En una gotita de lluvia está escrito

todo mi destino:

                           que hoy me pararé,

me levantaré, y me lanzaré hacia el sol.

Me reiré desde una nube,

cabalgaré vientos y tormentas,

y mañana me romperé

contra la acera.

Y se acabó: descanso.


Andjelko Vuletic.




 

Vieja receta

Tómate la existencia como tiempo de prueba,

Sin quejas, sin preguntas.

Sube calladamente la sombría escalera,

porque, después de todo, resulta más liviano

cargar la propia cruz

que irla arrastrando.

 

Mascha Kaéko.




martes, 11 de febrero de 2014

Debilidades

No tenías ninguna,
yo sólo una,
que amaba.

 

Bertolt Brecht.



Abecedario

Arisca y un poco abstracta,
Babélica y a veces bostezante,
Carnal y cortesana,
Densa, dominadora,
Emancipada y escenográfica,
Feroz y fosca,
Gutural, gramática,
Húmeda, honda,
Insidiosa y a veces ingenua,
Jerigonza, jacobina,
Lábil, lenta,
Melancólica, mustia,
Neurótica, nostálgica,
Ojerosa, onomatopéyica,
Púber y a veces pusilánime,
Quimérica, quisquillosa,
Rebelde, rumiadora,
Solitaria y a veces salvaje,
Telúrica, túrgida,
Uterina, umbilical,
Vehemente y siempre vulnerable.

 

 Cristina Peri Rossi



El horimento bajo el firmazonte

–¡Democrad! ¡Libertacia! ¡Puebla el vivo!
¡No dictaremos más admitidores!
Pro lometemos, samas y deñores,
nuestro satierno va a gobisfacerles.

Firmaremos la gaz, no habrá más perra,
zaperán juntos el queón y el lordero,
y quieto promerer y lo promero,
vamos a felicirles muy hacerles.

(Y el horimento bajo el firmazonte,
o el firmazonte bajo el horimento
–ye ca no sé–, brillaba, grona y aro).

–Que se me raiga un cayo si les miento:
fumos soertes, y, mo lás pimtortante,
¡blasamos hiempre claro!.

 

 

 Carmen Jodra Davó.




Vivir y morir en Lavapiés

- ¿Estás bien? Ya pedí la comida.

- Estaba pensando...¿has visto Dos hombres y un destino? Newman y Redford.

- Newman y Redford, si. Hace muchos años, en la tele.

No lo recuerdo muy bien, lo mío es el fútbol. 

- ¿Recuerdas cuando mueren?, la imangen se congela y no queda claro. Que mueran, digo. Pero es evidente que los acribillan a balazos. Pues así me gustaría palmar a mí,  Antonio. Despedirme luchando. No sirvo para morir en una  cama de hospital.

 

José Ángel Barrueco.



Lo que he aprendido

A escribir he aprendido de los amigos,
pero sin ellos. Tú me has enseñado
a amar, pero sin ti. La vida
con su dolor me enseña a vivir,
pero casi sin vida, y a trabajar,
pero siempre sin trabajo. Entonces,
entonces he aprendido a llorar,
pero sin lágrimas, a soñar, pero
no veo en sueños más que figuras inhumanas.
No tiene ya límites mi paciencia.
No me queda paciencia para nada, nada
queda ya de nuestra fortuna.
También a odiar he acabado aprendiendo
de los amigos, de ti, de la vida entera.

 

 

 Beppe Salvia



 

  

¿Amor?

Qué sabrán los poetas y sus

míseras bocas de amor.

Qué doctrina habrá en acariciar pieles

desde sus versos de mierda,

sus falsas vidas,

sus supuestos afligidos semblantes,

de sus torturadas vidas me río yo,

porque yo he visto poesía en las caras

y los días de los míos,

en callos y sudores,

en enfrentadizas miradas a un mundo

que no vereis ni en el más abyecto de

vuestros sonrosados sueños,

en pieles tatuadas por soles navajeros

y vientos del sur,

yo he visto poesía en madrugadas en vela,

en las paredes de mi casa,

he visto poesía huir de papeles, dogmas y

métricas, poesías sin lágrimas,

sin malditismos ni presunción alguna,

una poesía de pan y agua,

de te quiero porque sí,

la que me trajo vida y se la llevará,

la que te ofrezco, mundo de mierda,

mientras viva.

 

 

Kutxi Romero.


 

 

Amar es arder un poco

Amar es huir del mundo para refugiarse en unos brazos
que sepan del dolor que jamás compartiste y, entonces,
en ese nuevo abismo abierto,
cerrar los ojos y querer para adentro.
Es dejar caer la ropa blandamente,
murmurar su nombre a las puertas del misterio
y sentir cómo su mano te adentra en él,
no sin oprimirte un poco, como es debido.

Amar es desear sus labios y tenerlos
prodigando abundancia.
Y escuchar que la palabra cede al gemido,
centímetro a centímetro, poro a poro,
mientras te vas fundiendo como la cera en el caldero.
Es derrochar el cuerpo con el salvajismo
en que animal y hombre son la misma cosa
jadeante, enardecida. Y apurar el trago cárnico
de la copa traslúcida
como si fuese la última vez.

Es sentir, adentro, el torrente que fluye, quemando
sin querer detenerse.

Y quedarte un instante suspenso
para escuchar crepitar el fuego
de tu hermosa perdición.


Aleqs Garrigóz






lunes, 10 de febrero de 2014

Ausencia de ti nº 15

Que se te muera el perro.
Que te deje de hablar la peña
y que tu hermana
vuelva a la secta.
Que te despidan.
Que te escriban puta en el coche,
que tu madre se haga ludópata,
que te fallen los frenos y la píldora,
que tengas resaca siempre
y que no me olvides nunca.

 

Pepe Ramos.



Carmen ( No es tan fácil llevar bragas)

Tenía nombre de orden religiosa, de quinta con huerto o con jardín, de verso o composición poética, y daba igual que esa palabra designase tantas cosas porque Carmen, en casa, no era nada. Atrás quedaban los tiempos en que compró los muebles con ilusión, en otra serie de la tele, se decía mientras quitaba el polvo de las demás, cuando era otra mujer, murmuraba para sí al tiempo que dejaba relucientes los lavabos y bañeras de otros, mejor dicho, de las otras mujeres. Mujeres bien vestidas que vivían vidas tan distintas a la suya...


Ana Manrique