Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Metales pesados



Igual que sucedía, siendo niños,
con las mágicas gotas de mercurio,
que se multiplicaban imposibles
en una perturbada geometría,
al romperse el termómetro, y daban a la fiebre
una pátina más de irrealidad,
el clima incomprensible de los relojes blandos.
Algo de ese fenómeno concierne a nuestra alma.
En un sentido estricto, cada cual
es obra de un sinfín de multiplicaciones,
de errores de la especie, de conquistas
contra la oscuridad. Un individuo
es en su anonimato una obra de arte,
un atávico mapa del tesoro
tatuado en la piel de las genealogías
y que lleva hasta él mismo a sangre y fuego.
No hay nada que no hayamos recibido
ni nada que no demos en herencia
Existe una razón para sentir orgullo
en mitad de esta fiebre que no acaba.
Somos custodios de un metal pesado,
lujosas gotas de mercurio amante.







Carlos Marzal.







domingo, 8 de noviembre de 2015

Ni con bragas de encaje

Porque soy de piñón libre y no de marcha fija,

me duele tanto esta lija


que me están queriendo pasar,


para que en el puzle encaje.


Pero yo no quiero encajar


ni en puzle ni en engranaje


y las mangas de mi camisa,


hoy voy a desgarrar


para lucir, salvaje,


los hombros de una insumisa


que no se deja domar.



Yolanda Gutiérrez










lunes, 2 de noviembre de 2015

Cada uno se va como puede

Cada uno se va como puede,
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano,
unos con la cédula de identidad en el bolsillo,
otros en el alma,
unos con la luna atornillada en la sangre
y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos.

Cada uno se va aunque no pueda,
unos con el amor entre dientes,
otros cambiándose la piel,
unos con la vida y la muerte,
otros con la muerte y la vida,
unos con la mano en su hombro
y otros en el hombro de otro.

Cada uno se va porque se va,
unos con alguien trasnochado entre las cejas,
otros sin haberse cruzado con nadie,
unos por la puerta que da o parece dar sobre el camino,
otros por una puerta dibujada en la pared o tal vez en el aire,
unos sin haber empezado a vivir
y otros sin haber empezado a vivir.

Pero todos se van con los pies atados,
unos por el camino que hicieron,
otros por el que no hicieron
y todos por el que nunca harán.

 

 

Roberto Juarroz.








 

viernes, 23 de octubre de 2015

Sin receta

Estaban aquellas pastillas para el parkinson
llamadas Artane
que mezcladas con alcohol
producían alucinaciones
con particular fijación por los enanos de colores.
Estaba aquel spray contra dolores musculares
cuyo nombre no sabría deletrar 400 pesetas
retirado del mercado apenas semanas después
que inhalado producía una salvaje sacudida
en todo el sistema nervioso
seguida de agradable estupor indiferencia y otredad.
Catovit ingerido a puñados como estimulante
y otras píldoras de las más diversas formas y colores
completaban el elenco de antídotos
contra una juventud
que nos fue también entregada
sin diagnóstico
sin receta
y atiborrada de contraindicaciones.



Sergi Puertas






lunes, 12 de octubre de 2015

Oasis en la estación

No os molestéis en buscar en libros de autoayuda
ni tampoco dentro de vuestra cartera, 
la felicidad, la de verdad de la buena,
estaba toda concentrada 
esta noche en la estación de tren.
Todos los ojos que reían, todos los abrazos acompañados de un suspiro,
todos los besos del mundo estaban allí.
Era mágico.
Y yo he contenido la respiración y me he marchado de allí
intentando no hacer ningún ruido, a tientas y con los ojos cerrados,
porque puede que fuese el último rincón feliz de la tierra,
y nunca me habría perdonado estropearlo con esta mirada
a la que ya no le caben más tristezas en las pupilas.

El Lu. 





jueves, 17 de septiembre de 2015

Las leyes de la gravedad

Estoy aquí para ser traducido
Una bicicleta recorre mis fronteras
Por baches y charcos
El poema se fija en las conjunciones y las preposiciones
En la distancia entre yo y yo
Mi ante-cabe-con-contra
Llueve
Sobre conjunciones y preposiciones
Sobre las relaciones
En la lluvia me alejo de ti
Y en esta distancia, Khavaran
Se va ensanchando
En mi lengua
Cuando todos callan de repente
Nace un policía
En mi lengua detrás de cada bicicleta asustada
Se sientan tres mil palabras muertas
En mi lengua la gente murmura las confesiones
Va vestida de susurros negros
Se le entierra en silencio
Mi lengua es silencio
¿Quién traducirá mi silencio?

¿Cómo voy a cruzar esta frontera?.

 

 

 

Mohsen Emadi.