Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Citas

Te hablaba de Pavese. Del suicidio al engaño
y otra vez en tus ojos. Recordé aquella cita:
Las únicas mujeres con las que vale la pena casarse son aquellas con las que no podemos
atrevernos a casarnos.
Pediste otro Bombay, abrazaste mi entrega,
y en un arranque burdo de entusiasmo
decidiste nombrarme tu amigo más querido.
Ahora me hace gracia, pero en aquel momento
te hubiese estrangulado.
Brindamos por la Creedence y Sinatra,
así de absurda era la noche. Hoy,
tanto tiempo después de nuestra cita,
revivo con nostalgia tu desprecio,
el mito trasnochado color sepia.
Los libros, la distancia, tantos puentes.
Vivir es hacinar lo que no fuimos,
la citas que una vez nos explicaron.




Javier Cánaves.












miércoles, 7 de mayo de 2014

Refugio

Tu cuerpo es un refugio. Caen bombas afuera,
llueven grillos, ríen todas las brujas de los cuentos infantiles, pero yo estoy a salvo.
Abro el vino y pongo esa canción que te entristece las pestañas.
Un saxo acariciado de manera sutil: el paraíso.
Afuera hay una guerra. Que se maten.
Hay una dignidad oscura en esta  decadencia calmada, en este ejemplo elevado de civilización.
Consiste en mirar, entre curioso y distraído,
cómo se derrumban los ideales en que alguna vez creíste, cómo ceden las defensas
frente al empuje de los bárbaros,
el modo en que las cosas se acomodan
a su insignificancia.
Nada importa más que tu cuerpo en esta habitación. Vuelve a la cama, olvida lo de afuera.
Reforcé puertas y ventanas, nadie va a molestarnos. Cuando nos encuentren, seremos un vestigio
de la forma más distinguida de habitar el mundo.
Dirán que fuimos santos o lunáticos.
Y estarán en lo cierto, no lo dudes.



Javier Cánaves.