Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
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lunes, 28 de julio de 2014

Encuentro




Que se fundían, te lo digo yo,
las luces a su paso, te lo juro
como si fuera el Sol.

Que te quedabas patidifuso cuando aparecía,
sin pronunciar palabra, boquiabierto,
y luego ella venía, con su porte
de diosa antigua, y te decía: "¡Hola!",
y el mundo se encendía de repente,
y se encendían todos tus sentidos,
y le decías:"¡Hola!", y tu saludo
te quemaba los labios, y os mirabais
como si Dios (que entonces existía)
os hubiese encargado a ti y a ella
cortar la cinta de inauguración
del planeta. Que aquello fue increíble,
pero fue todavía más tremendo
cuando dijiste: "Amor, ¿qué te apetece?",
y ella dijo: "Pues eso: amor; sin hielo",
y te quedaste mudo por un rato,
mirándola a los ojos, degustando
el panorama de lo que tenías
enfrente, de aquel cuerpo hecho de nube
y de carne a la vez, mezcla de hada
y de golden retriever, de aquel cuerpo
donde latía el corazón más puro
y aleteaba el alma más hermosa
que hubieras conocido nunca.




Luis Alberto de Cuenca.












viernes, 14 de marzo de 2014

Casada

En el hombro la herida me latía
como un segundo corazón. Si a ella
le dolía también, no me lo dijo.
La puerta se cerró. Por un momento
nos abrazamos, y eso era la vida.
Pero volvió el dolor, volvió la niebla
sobre mis ojos y frente a mis labios.
Y volverían dudas y reproches,
y la herida del hombro, y su marido.

 


Luis Alberto de Cuenca.





 

martes, 11 de marzo de 2014

El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

 



Luis Alberto de Cuenca. 







miércoles, 26 de febrero de 2014

El fantasma


Cómeme y, con mi cuerpo en tu boca,

hazte mucho más grande

o infinitamente más pequeña.

Envuélveme en tu pecho.

Bésame.

Pero nunca me digas la verdad.

Nunca me digas: «Estoy muerta,

no abrazas más que un sueño».

 

 

Luis Alberto de Cuenca.