Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
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lunes, 3 de noviembre de 2014

La medida de mi madre

No sé si lo he dicho:
mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.
Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.
Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta
donde podemos querernos.


Begoña Abad.





domingo, 16 de febrero de 2014

Crecer

Este empeño mío

de nacer cada mañana,

me costará caro.

El mundo no soporta,

así como así,

que alguien se resista

a unirse a los adultos,

a los que saben más,

a los que dirigen mejor,

a los que "crecen",

a los que medran,

a los que pueden.

No soporta

a alguien que se resista

a esa especie de muerte

que ellos llaman vida. 

 

 

Begoña Abad.