Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Mostrando entradas con la etiqueta Roger Wolfe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roger Wolfe. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de octubre de 2014

Verdades matemáticas

Tú y yo, está visto,
somos líneas paralelas.

A mí de pequeño  me dijeron
que dos líneas paralelas
Se hacen secantes
-es decir: se cruzan-
en el infinito

Vamos a tener
que armarnos de paciencia.


Roger Wolfe.





viernes, 7 de febrero de 2014

El riachuelo

Los besos caen por la frente,

recorren la nariz,

se precipitan gota a gota

entre los labios,

se derraman por el cuello,

se remansan un momento

en la concavidad del esternón,

y fluyen luego libres, rumorosos,

por el valle de los pechos,

serpenteando en busca del ombligo,

donde giran en hipnóticos meandros

antes de acabar desembocando

en el umbroso bosquecillo

del paraíso inguinal.

 

Y de ahí los recupero

a lengua llena

y me los llevo aguas arriba

para volver a empezar.

 

Roger Wolfe.






lunes, 3 de febrero de 2014

Paint it black

Días malos.
Días en los que nada sale bien.
En los que ves colmillos en las fauces
de la gente que te quiere.
En los que el sol es un arma arrojadiza
o la lluvia una descarga de vinagre.
En los que mejor rocías con azufre tu portal.
Te metes en la cama. Rezas para que los perros
no lleguen a tu puerta.

 

Roger Wolfe.




 

viernes, 24 de enero de 2014

La tregua

Las tres de la mañana.
El mundo está en suspenso.
El día y sus asuntos
son un periódico de ayer.
No existen los teléfonos
ni el cáncer
ni el recibo de la luz.
Sólo un poso de café
en el fondo de una taza.
La ceniza de un cigarro
en el platillo.
Y este girón
de humo adormilado
que flota en un momento
y se disipa
en el aire de la habitación.

 

Roger Wolfe.