—¿Qué hay de ese beso, Saumensch?
Permaneció
unos minutos más en el agua, hundido hasta la cintura, antes de salir y
tenderle el libro. Los pantalones se le pegaban a las piernas y no
dejaba de moverse. En realidad, creo que tenía miedo. Rudy Steiner temía
el beso de la ladrona de libros. Debía de haberlo deseado con todas sus
fuerzas. Debió de haberla querido con todo su corazón. Tanto, que nunca
más volvería a pedírselo y se iría a la tumba sin él.
Markus Zusak
Markus Zusak
