Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Mostrando entradas con la etiqueta José Ángel Barrueco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Ángel Barrueco. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de febrero de 2014

Vivir y morir en Lavapiés

- ¿Estás bien? Ya pedí la comida.

- Estaba pensando...¿has visto Dos hombres y un destino? Newman y Redford.

- Newman y Redford, si. Hace muchos años, en la tele.

No lo recuerdo muy bien, lo mío es el fútbol. 

- ¿Recuerdas cuando mueren?, la imangen se congela y no queda claro. Que mueran, digo. Pero es evidente que los acribillan a balazos. Pues así me gustaría palmar a mí,  Antonio. Despedirme luchando. No sirvo para morir en una  cama de hospital.

 

José Ángel Barrueco.



jueves, 30 de enero de 2014

El luchador

Me desperté, trás una siesta de quince minutos,
recuperado y en forma.
Abrí los ojos y obtuve ese placer,
ya sabes, cuando piensas:
mi vida funciona.
Luego recobré conciencia de la realidad:
durante la última semana me habían despedido
de mi trabajo y a mi madre
le habían diagnosticado cáncer de mama
casi me hundo al recordarlo.
Y entonces hice lo que tú, o aquel
o cualquiera hubiese hecho:
me incorporé de la cama listo para seguir luchando.

 

José Ángel Barrueco.