Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Las leyes de la gravedad

Estoy aquí para ser traducido
Una bicicleta recorre mis fronteras
Por baches y charcos
El poema se fija en las conjunciones y las preposiciones
En la distancia entre yo y yo
Mi ante-cabe-con-contra
Llueve
Sobre conjunciones y preposiciones
Sobre las relaciones
En la lluvia me alejo de ti
Y en esta distancia, Khavaran
Se va ensanchando
En mi lengua
Cuando todos callan de repente
Nace un policía
En mi lengua detrás de cada bicicleta asustada
Se sientan tres mil palabras muertas
En mi lengua la gente murmura las confesiones
Va vestida de susurros negros
Se le entierra en silencio
Mi lengua es silencio
¿Quién traducirá mi silencio?

¿Cómo voy a cruzar esta frontera?.

 

 

 

Mohsen Emadi.





 

viernes, 4 de septiembre de 2015

Resistencia, sin embargo

 Esta vida es hostil, bien lo sabéis,
 no le basta privarnos de lo grande y
 se complace humillándonos lo humilde,
 y nos priva de patria y utopías

 y hurga obsceno en despensas y mesillas
 y deja su amarillo entre los libros,
 las fotos, la memoria y las cosas,
 los huesos y los días y los sueños,

 que nada de eso importe, mis amigos,
 vamos a seguir vivos, mano en mano,

que no saldremos vivos de esta vida,
 aunque nunca vencidos, sin embargo.





José Antonio Martinez Muñoz.


















martes, 28 de julio de 2015

Me caigo en mis muertos

Ando con paso suave y medido,
no aparto la vista del suelo,
sigo obediente todas las señales,
me desvío si no queda otro remedio.
Pero aún así, haga lo que haga no puedo evitarlo
y al final siempre, siempre
me caigo en todos mis muertos.


El Lu




miércoles, 22 de julio de 2015

A mí me gustan las personas con ojeras

A mí me gustan las personas con ojeras. 
Los insomnios con nombre propio. 
Me gustan las personas que llevan
guardadas las piedras de sus tropiezos, 
como lecciones que aprender. 

Que sean bienvenidas aquellas que 
sufrieron y jugaron con las letras 
hasta curar sus heridas, 
tapando cicatrices, 
destapando miedos, 
y tocando con la yema de los dedos 
un puñado de almas. 

Las que están rotas, 
las que tienen cicatrices, 
las que se desangran sobre un papel 
sin importarles el qué dirán. 

Porque, si no estuviésemos llenos de grietas, 
¿por donde pasaría la luz? 






Marta Torrejón









viernes, 17 de julio de 2015

Tu rostro no tiene nombre

Tu rostro no tiene nombre,
tu voz no tiene sonido,
tu tren no tiene número,
tu viaje no tiene horario,
pero yo se que vendrás
con ese rostro,
con esa voz,
en ese tren...
cuando termine tu largo viaje.


Dacia Maraini.