Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.
Se deja de querer, y es como el ciego que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren.

lunes, 16 de marzo de 2015

Ya no sé

Ya no sé si respirar es bueno
o si nunca aprendí a hacerlo bien.
Tampoco sé amar
nunca me lo enseñaron,
nunca me enseñaron nada.
Siempre hay errores en los zapatos.
Mis padres son un error
y yo que al no poder borrar en el espejo sus rasgos
me corto afeitándome,
termino con las manos llenas de sangre
como un asesino.
Me gustaría dejar de sonreír
esta estupidez que se repite
como casa de dibujos animados.
Esta guerra de entrepierna y corazón,
dejar de respirar tanta mierda,
dejar el dolor en las flores.
Ya no sé el color que tienen sus ojos,
apostaría mi vida a la página en blanco.
Ya no sé si seguir,
si buscar un tesoro
y luego gastármelo en copas
y en el amor que resbala
y se rompe las dos piernas.



 

 Óscar Aguado.




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